Cuando Donald Trump firmó su orden ejecutiva declarando el inglés como el idioma oficial de Estados Unidos, muchos nos quedamos rascándonos la cabeza. No es una medida que busque resolver problemas reales, sino que más bien está diseñada para lanzar un mensaje a su base política, apelando a la idea de la “pureza” cultural. Pero, más allá de la intención política, esta propuesta es problemática e innecesaria. Veamos por qué.
1. La diversidad es lo que nos hace fuertes
Estados Unidos es conocido por ser un “melting pot” o crisol de culturas. Tenemos una población diversa que habla una amplia variedad de idiomas: español, chino, árabe, vietnamita, y muchos más. Más de 40 millones de personas en el país hablan español, por ejemplo. Al declarar que solo el inglés es “oficial”, Trump está ignorando esta rica mezcla cultural y lingüística que ha sido parte de la identidad estadounidense desde sus inicios.
2. El inglés ya es dominante
No hace falta un decreto para que el inglés sea el idioma más hablado en Estados Unidos. De hecho, la mayoría de las personas en el país ya lo habla, ya sea como lengua nativa o secundaria. Al tratar de imponerlo como el único idioma “oficial”, se crea una sensación de exclusión y discriminación hacia aquellos que, por diversas razones, no hablan inglés perfectamente.
3. La medida no soluciona problemas reales
En lugar de centrarse en asuntos que realmente afectan a los ciudadanos, como la salud, la educación y la economía, Trump usó su tiempo y energía en una medida que no aporta soluciones concretas. Si bien es cierto que algunas personas tienen dificultades con el inglés, no es declarando el idioma oficial que vamos a resolver esos problemas. Lo que realmente se necesita es más acceso a programas educativos y recursos para ayudar a quienes desean aprender inglés, no una declaración vacía.
4. Promover la unidad, no la división
En lugar de unirnos bajo un solo idioma, esta medida fomenta la división. Al hacer que aquellos que no dominan el inglés sientan que están en desventaja, estamos creando más barreras entre nosotros. Deberíamos promover una cultura que celebre la inclusión, donde cada idioma y cada acento sean bienvenidos.
5. No somos un país monolingüe
Los Estados Unidos no son un país monolingüe, y eso es algo positivo. El hecho de que podamos comunicarnos en diferentes idiomas es una ventaja en el mundo globalizado de hoy. En lugar de forzar un solo idioma sobre todos, deberíamos apoyar y aprender de las lenguas y culturas que enriquecen nuestro país.
El decreto de Trump de declarar el inglés como el idioma oficial de Estados Unidos no solo es innecesario, sino que también es una idea tonta y perjudicial. En lugar de centrarse en políticas divisivas, debemos trabajar para garantizar que todos los ciudadanos tengan acceso a la educación, los recursos y la oportunidad de contribuir a nuestra sociedad, sin importar en qué idioma hablen. La diversidad lingüística es uno de los mayores tesoros de nuestro país, y deberíamos celebrarla, no tratar de eliminarla.